Todos los que me conocen lo saben: Soy Chavista. Si, lo soy. A pesar de estar rodeado de opositores practicamente por los cuatro costados, sigo apoyando la revolución que lidera el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías.
Después de 10 años de Revolución, en Venezuela se han dado importantes cambios de base que nos han permitido ser una de las naciones de América Latina con mayor compromiso social y con una economía no solamente sólida, sino con interesantes previsiones a futuro. Asimismo se han logrado grandes progresos en materia educativa y laboral, habiéndonos convertido en un país libre de analfabetismo y manteniéndose la tasa de desocupación siempre por debajo de 10%, cifra esta que mejora por mucho la de otros países, incluso varios europeos y bastantes asiáticos.
Pero a pesar de todos estos puntos a favor, debo admitir que se ha fallado en aspectos fundamentales que comprometen el bienestar del pueblo, y en lo que a mi respecta, dada mi profesión, la salud es una de las peores estrategias que ha seguido este gobierno.
No debemos menospreciar el esfuerzo, porque se ha intentado de distintas maneras satisfacer las necesidades sanitarias de la población, pero lamentablemente no se ha podido. Se construyeron múltiples módulos para la atención primaria como parte del plan "Barrio Adentro" y ya hay muchos abandonados. Se trajeron miles de médicos cubanos para trabajar junto a la gente y no terminan de ganarse la confianza de los venezolanos, lo que limita mucho su accionar, sin contar con que la mayoría de ellos no tiene la suficiente preparación para atender emergencias, llegando en ocasiones a empeorar el estado de los pacientes, ya sea por imprudencia o ignorancia. Por otro lado, no se ha invertido lo suficiente en la recuperación o construcción de infraestructura hospitalaria, o cuando si se aportan los recursos, estos se desvían quién sabe dónde, lo que hace que casi todos nuestros centros asistenciales se estén cayendo a pedazos. A esto hay que sumar que los profesionales de la salud siguen siendo muy mal pagados, están desmotivados y prefieren con frecuencia practicar la medicina privada o irse del país antes que trabajar en la red pública de salud.
Como se puede ver, en lo que a salud respecta, estamos mal. Tal vez se deba a equivocadas políticas sanitarias desde un principio, mala asesoría médica, corrupción desmedida o soberbia. Pero en definitiva ha llegado el momento de realizar cambios reales en este sentido. Ya el soberano comienza a cansarse y nosotros, los médicos que estamos día a día enfrentando a estas personas en las áreas de emergencia de los distintos nosocomios del país, lo vivimos en carne propia. Y este descontento se transforma en impopularidad y como consecuencia directa, en menos votos.
¿Que se puede hacer?. Pues lo primero es sincerarse. Entender que lo estamos haciendo mal y estar dispuestos a cambiar, no temer a las modificaciones. También podemos imitar los sistemas de salud de otros países, que sin ser socialistas mantienen la gratuidad y eficacia de sus servicios, y sobre todo, tenemos que escuchar, conocer las verdaderas necesidades del pueblo y del personal de salud, no abandonar los tendencias preventivas pero afianzar las medidas curativas y continuar educando a la gente para evitar el uso inadecuado de nuestros hospitales y el gasto innecesario de sus insumos.
Ojalá este mensaje llegue a muchos más y se multiplique, y si alcanza los oídos de algún dirigente, lo analice y considere. Porque así como vamos, ser un Médico Revolucionario, no estará nada fácil.
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